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2 Jul

Punta Cana

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Tanto Punta Cana como el resto de destinos caribeños, han sido siempre un tipo de viaje que yo hubiera jurado que no haría nunca. No es que no me guste el sol y la playa, que me encantan, sino que siempre he considerado una pérdida de tiempo coger un vuelo de 10 horas para estar tirado en una tumbona la mayor parte de las vacaciones, cuando existen tantos lugares y tanto que ver en el mundo. Aunque también es cierto que a veces apetece relajarse y no hacer nada, pero también era de la creencia de que para ese plan de playa, tumbona y all inclusive ya tenemos “paraísos” mucho más cercanos.

De hecho, siempre me ha encantado ver el programa Callejeros Viajeros en televisión, pero cuando este trataba sobre un destino caribeño o cualquier otro lugar de playa, lo quitaba.

El caso es que este viaje, cortesía de las empresas PORCELANOSA y Construcciones Calderón S.L, me hizo descubrir un destino espectacular que nunca hubiera elegido por mí misma.

 

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Pues bien, el 3 de mayo cogimos un avión rumbo a Santo Domingo, República Dominicana. Y, a pesar de pasar allí solo 4 días, esto fue suficiente para obtener información, visitar lugares de interés, analizar la forma de vida de un país hasta ahora desconocido para mí y también para destacar lo mejor y lo peor, porque todo tiene su lado bueno y malo. Así que si queréis saber cómo fue mi experiencia, os animo a seguir leyendo.

 

ANTES DEL VIAJE

 

Como siempre suelo hacer antes de viajar, intento recavar la máxima información posible sobre el destino que voy a visitar. En este caso con más motivo, al tratarse de un país totalmente desconocido para mí.

Lo primero que hice fue informarme sobre las precauciones que se deben tomar una vez te encuentres allí. Precauciones tales como tomar siempre agua embotellada, usar repelente de insectos o evitar transitar libremente por determinadas zonas.

También me gusta indagar a cerca del lugar y leer comentarios de otros viajeros. Me sorprendió encontrar un artículo titulado “Isla Saona, el paraíso y el infierno en un mismo lugar”, podéis pinchar en el link para leerlo. En este artículo, un viajero cuenta su experiencia en el destino más deseado de República Dominicana y explica cómo los contrastes del lugar no le permiten disfrutar del todo de la experiencia.

 

DÍA DEL VIAJE

 

El día del viaje fue como cabía esperar, largo y cansado. La alarma del despertador sonó a las seis de la mañana y menos mal que preferí no calcular las horas que quedaban hasta volver a verme acostada en una cama porque de haberlo sabido, puede que hubiera apagado el despertador de un manotazo aunque eso hubiera supuesto quedarme en tierra. Fueron 25 horas.

La cuestión es que una vez aterrizados en Santo Domingo, aún nos quedaban dos horas y media de autobús hasta Punta Cana.

Creo que fui la única persona del autobús que no se durmió en el camino. Preferí mantenerme despierta para poder ir viendo cosas a través de la ventana. Sospechaba que sería complicado ver la vida real de la población de ese lugar durante los siguientes días, así que aproveché para observar a través del cristal a la gente jugar a las cartas en la calle, los pequeños comercios y las casas humildes. También algún local de baile donde seguro sonaba bachata.

 

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Llegamos al Hotel Meliá Paradisus Punta Cana Resort a las 12 de la noche (hora local) y la primera visita guiada empezaba tan solo 7 horas más tarde. Yo estaba sobrepasada por la emoción (nótese la ironía).

El hotel era enorme y estaba dividido en 30 villas con 16 junior suites en cada una de ellas. A veces,  era necesario que el personal te llevase de un sitio a otro en los típicos carritos de golf que se movían por las instalaciones del hotel, debido a que las distancias dentro del propio hotel eran bastante considerables.

 

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PRIMER DÍA

 

El primer día en Punta Cana fue casi igual de largo que el del viaje, pero muy productivo. El destino a visitar era Isla Saona. Menos mal que antes de salir rumbo a la isla nos sirvieron un desayuno XXL en la habitación para coger fuerzas.

 

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Isla Saona forma parte del Parque Nacional Cotubanamá, en pleno Caribe dominicano.

Para llegar a la isla nos llevaron a un pueblo llamado Bayahibe, desde donde parten las lanchas y catamaranes que llevan a los turistas a Isla Saona, y nos comunicaron que la ida sería en lancha y la vuelta la haríamos en catamarán.

 

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Como yo había recavado información de la isla durante los días anteriores al viaje, sabía de la existencia de un asentamiento de pescadores llamado Mano Juan, con casitas de colores hechas de madera y/o piedra. Le pregunté a mi guía y me dijo que no íbamos a poder visitarlo porque estaba justo en la otra punta de la isla, ¡vaya por Dios!

Nos montamos en la lancha y, al contrario de lo que yo esperaba, el trayecto fue de lo más agradable. La primera parada fue una playa en la que estuvimos apenas unos minutos y donde nos ofrecieron algo rápido para tomar. Lo siguiente sería bajar de la lancha en medio del mar para disfrutar de las piscinas naturales.

 

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Al igual que con el asentamiento de pescadores, yo ya llevaba información a cerca de las piscinas naturales en las que nos encontrábamos. Días antes, leí un artículo que explicaba cómo estaban desapareciendo las estrellas de mar de la zona debido al paso de turistas que decidían sacarlas del agua para ir pasándoselas de mano en mano. Y efectivamente, pude observar cómo la gente se hacía fotos con ellas y no las devolvían al mar hasta tener terminados sus reportajes fotográficos. En fin…

Después de esto, por fin llegamos a la Isla Saona. La verdad es que no pensé que fuera a sorprenderme tanto pero me impactó mucho el paisaje plagado de palmeras, la arena que más que arena parecía harina, el agua completamente transparente y en calma… un verdadero paraíso natural que espero sepan preservar.

 

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Dentro de este enclave paradisíaco, teníamos una zona de la playa reservada para el grupo y unas cabañas donde organizaron un suculento buffet libre. Tras la comida, disfrutamos de un rato de tiempo libre y tocaba volver a Bayahibe en catamarán.

 

Punta Cana

 

Llegados a Bayahibe, nos esperaba el autobús que nos devolvería a nuestro hotel. Pero en mitad del camino nos sorprendieron con una última parada de 15 minutos a un “museo”. El “museo” no era otra cosa que una enorme tienda de souvenirs en mitad de la carretera donde hacen bajar a los turistas de sus autobuses para que hagan un poco de gasto en el lugar.

 

DÍAS 2 Y 3

 

Los días 2 y 3 los invertimos en disfrutar de las instalaciones del hotel, de los diferentes restaurantes y de la playa. Aunque, para quien lo deseara, había multitud de planes y excursiones para contratar, como submarinismo, snorkel, kitesuf o actividades en la selva, entre otras.

Y como colofón final, el tercer día nos organizaron una preciosa cena de despedida en la playa.

 

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DÍA 4

 

El día 4 llegó y después de un suculento desayuno, tocaba despedirse del hotel, recoger maletas y partir rumbo al aeropuerto de Punta Cana porque en pocas horas volábamos a Nueva York, el segundo destino de este viaje.

Es curioso porque, cuando me enteré de que iba a hacer este viaje, en lo único que pensaba era en que pasasen rápido los días en Punta Cana para poder llegar a Nueva York cuanto antes. Y, aunque tenía muchísimas ganas de verme allí de nuevo, al final me costó mucho irme. No me hubiera importado quedarme un par de semanas más 😉

 

LO QUE MÁS ME GUSTÓ

 

En realidad, me gustó casi todo lo que vi. El hotel era espectacular, la comida, las playas, Isla Saona… Pero sin duda, lo que más me gustó fue la gente y su forma de vida. Allí no existe el estrés, ni las prisas, ni lo relojes. La verdad es que me da envidia. No vi a nadie trabajando bajo presión, ni siquiera a los camareros cuando el restaurante estaba a rebosar de gente. Eso, para los que no estamos acostumbrados, puede llegar a alterarnos los nervios un poco, así como que te digan que una excursión dura cinco horas y luego sean ocho. Pero bueno, estamos de vacaciones. Relax, take it easy.

 

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LO QUE MENOS ME GUSTÓ

Perderme por los lugares menos turísticos y conocer la vida real de un sitio, eso es lo que más me gusta hacer cuando viajo. Lo conté en los diferentes post de Nueva York que he hecho, en el de Madrid, en Lisboa… Creo que para conocer bien un lugar tienes que mezclarte con la gente.

Como ya he dicho anteriormente, durante los dos días libres que tuvimos había infinidad de planes para contratar pero ninguno me encajó. En mi caso, intenté encontrar algún tipo de excursión que nos llevara a conocer Santo Domingo, la capital de República Dominicana. No tuve suerte. Todo lo que me ofrecieron era playa, islas, viajes en barco, deportes acuáticos… Yo quería ver algo de la vida real más allá de Punca Cana, lugar donde no vive nadie y cuya zona está exclusivamente destinada a resorts y al turismo de sol y playa.

Por otro lado, me sorprendió enterarme de que las principales fuentes de ingresos del lugar sean la agricultura y la ganadería a pesar de la gran cantidad de turistas que recibe cada año el país. Pero es fácil de entender. Los turistas no salen de los resorts a menos que contraten alguna de las excursiones que se ofertan en el hotel, no se mueven libremente. En los alrededores no existen medios de transporte público con los que desplazarse y tampoco encontramos muchas facilidades para hacerlo de manera privada. Por esto, en los negocios locales y en la población no recae ni un solo peso (moneda oficial). Es decir, los beneficios que genera el turismo se dividen entre las empresas hoteleras, tour operadores y las empresas que ofrecen las excursiones.

Definitivamente, el balance de lo que vi fue muy bueno y volvería sin dudarlo siempre y cuando pudiera conocer algo más sobre la cultura y el estilo de vida del país.

 

 

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Y hasta aquí el post de hoy. La segunda parte de este diario de viaje la veréis en el siguiente post.

 

Os recuerdo que tenéis mi correo y redes sociales para cualquier comentario, duda o sugerencia.

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4 Comments
  • Patripaan

    Me encanta que hagas estos tipos de posts Carmen. Me fascinan las fotos… tienes un gusto increíble independientemente de la belleza del lugar. De 10 corazón.

    2 julio, 2017 at 4:26 pm Responder
  • MynoisysecretsBlog

    Como siempre resulta un placer leerte. Tus fotos ya sean de outfits, desayunos o lugares paradisíacos son pefectas.

    Tal y como comentas, me pasa lo mismo con este tipo de turismo. De hecho, mi viaje de estudios lo hice a Riviera Maya y por mi me hubiera ido por Europa. Sin embargo tengo que decir que me encantó y qué quiero volver sin lugar a dudas (hay excursiones muy buenas como ver cenotes, chichen itza… y quizá te da más la oportunidad de vivir sus gentes.

    En fin un autentico placer pasar unos minutos leyéndote.

    Un besazo flor

    2 julio, 2017 at 4:26 pm Responder
  • Zahara

    Muy bueno el post! Estoy de acuerdo con lo de ver la vida real en viajes. Aunque reconozco que me apetece mucho un viaje de pulserita y no hacer nada de nada más que playa, descansar y leer. Las fotos son preciosas!

    2 julio, 2017 at 10:45 pm Responder

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